Eduardo Basualdo

VISIBLE / INVISIBLE

Por Ana Peralta

Eduardo Basualdo acaba de cumplir 40 años y es uno de los artistas plásticos argentinos que más crecimiento ha tenido en los últimos años.

La relevancia de su trabajo dentro del cada vez más complejo mundo del arte contemporáneo lo ha llevado hasta las Bienales de Venecia y XII Bienal de La Habana, Cuba (2015), Bienal Gwangju en Corea del Sur (2014), Bienal de Lyon, Francia (2011), Bienal de Pontevedra (2011/2006) y Bienal de Montevideo Bienal del Mercosur (2009).

Haciendo uso de lenguajes que toma prestados de otras disciplinas – como la narrativa literaria y los tiempos del teatro – el artista carga de expectativa su obra y construye relatos que invitan a sostener la duda como tránsito necesario para llegar a los bordes de una realidad que oculta su verdadera naturaleza.

¿En qué etapa está tu proceso de trabajo?

Eduardo Basualdo: En este momento me está ocurriendo algo sorprendente. Llegué al punto en que llevo suficientes años de trabajo como para que los tiempos de mi obra se superpongan. Aparecen oportunidades de exhibir obras de otras época y se arman unas amalgamas de trabajo con lo que estoy produciendo hoy.
Esto para mi es insólito; siempre mostraba lo que acababa de producir. Aunque ya no llego a las muestras con las cosas hechas ayer, valoro mucho la exhibición como ensayo.
Me recuerda a un profesor de teatro que tuve, Sergio Savater, que nos decía que cuando uno estrena lo que hace es simplemente un corte en el trabajo, en la rutina diaria, porque la obra es un fluido que podría seguir trabajándose para siempre.
Incluso las obras de teatro exhibidas van mutando, se mejoran, se perfeccionan, se adaptan a los nuevos públicos.

¿Cuál sería el factor común después de casi 20 años de trabajo?

Eduardo Basualdo: Me gustaba decir que era el espacio el gran protagonista de mi trabajo. Es un concepto muy amplio; lo precisaba diciendo que me interesaba el carácter elástico del espacio. Desde mi perspectiva existen cuatro espacios: el más mínimo que es la conciencia, donde todo empieza, luego el interno que es del cuerpo, luego lo que nos rodea, el espacio arquitectónico, y finalmente el vincular. Lo percibo como un sistema de Mamushkas. Hoy pienso que el concepto conciencia sobre uno mismo, también es claramente un tema que atraviesa todo lo que hago. Ser conscientes de dónde estamos. Esa pregunta: ¿dónde estamos? se me presentó hace tiempo como fundamental. Casi como si la cuestión hoy fuese estrictamente topográfica. Como si, a pesar de que nuestros teléfonos nos pueden dar nuestras coordenadas precisas a cada momento, no tuviéramos certeza de dónde nos encontramos. Hace poco escuché hablar de una idea atribuida a Guattari que se llama Caósmosis. El término se refiere a la adaptación al caos. Señala el momento en el que un organismo asimila un escenario nuevo. Mi proceso de trabajo busca esos momentos de cambio en mi manera de mirar. Nuevos puntos de vista que me desorienten, para tener que moverme hasta encontrar un nuevo equilibrio. En mis instalaciones busco trasladar esa experiencia al espectador. Que se vean envueltos en una situación que les sugiera un camino distinto.

¿Me podés mencionar algún ejemplo de esto?

Eduardo Basualdo: Me viene a la mente mi última exhibición en Ruth Benzacar, un proyecto que se llamó Eter y consistía en una larga pared blanca que dividía la sala en dos. Los visitantes debían separar un plástico que cubría una de las caras del muro e introducirse en el espacio que se abría entre estos dos elementos. A medida que avanzaban se generaba el espacio interior de la pared. La muestra pivoteaba entre la idea de estar en el éter, suspendidos en el aire, y la de estar confinados al interior de una pared con todo nuestro cuerpo en contacto con la materia. Cómo estar perdido en un lugar tan conocido como puede ser una galería o nuestro propio cuerpo.

Hay un paralelismo en la manera en la que concebís la conciencia y la experiencia artística: al principio fue adentro y a oscuras, luego al parecer todo se expande hasta llegar a la luz.

Eduardo Basualdo: Una de mis fantasías con el trabajo de luces y sombras en la oscuridad era acercarme al funcionamiento del pensamiento, pensaba que así es como debe funcionar la conciencia. Mucho más tarde leí «Ser cráneo» de Didi Huberman y me impactó su manera de relacionar conciencia y topografía. Todo el libro gira en torno a una obra, un frottage del interior de un cráneo humano. En ese momento yo trabajaba con lo que sucedía dentro de ese espacio, esa cámara oscura donde se generan los pensamientos. Trabajaba con materiales conductores de electricidad, luces y sombras. Mis elementos eran los árboles, la electricidad, el cobre, las rejas y las neuronas. Estaba concentrado en nuestro sistema nervioso y fascinado con la idea de que el mismo sistema que aloja los pensamientos es el que permite que sintamos el dolor. En esa época hice mi primera exposición en una galería que se llamó «Todo lo contrario», y cruzaba el mundo del dolor físico y la tortura con el sistema nervioso que aloja nuestra ideología.

Tu obra Freelancer, exhibida en el espacio de Arte Joven de Chandon en ArteBA este año, reflejaba este pensamiento.

Eduardo Basualdo: Freelancer pone en escena esa pulsión de escape que aveces inspira la sociedad contemporánea respondiendo a la exigencia extrema que implica la mera supervivencia. La frase ganarse la vida lo retrata muy bien. A veces da la sensación de que nacemos en un mundo donde no somos bienvenidos. Tenemos derecho a nacer, pero lo hacemos en un planeta en el que sobramos. En ese contexto es dónde la salida individual se vuelve una opción atractiva. La obra pone en tensión un espacio arquitectónico social, una sala, con un helicóptero que amenaza con destruirlo todo al despegar. De una manera un poco dramática quería mostrar cómo esa salida individual compromete a la estructura misma. Pero a su vez la estructura no está ofreciendo alternativa, el aparato se encuentra encerrado. Es un poco como la inducción a la ilegalidad, la ley se vuelve tan difícil de cumplir que todos la abandonan. Lo fatal es que con ese gesto, se destruye un contrato social de convivencia y volvemos al sálvese quien pueda, nos volvemos todos mercenarios al servicio del mejor postor. De allí viene el título freelancer, lancero libre, guerreros medievales que ofrecían sus armas a los señores feudales.

Eduardo Basualdo

EN 10 OBRAS

THE END OF ENDING (El fin del desenlace)

Una enorme escultura de aluminio negro ocupa casi todo el espacio de la sala. Los visitantes son obligados a recorrerla dando vueltas a su alrededor a través del estrecho pasadizo que se abre entre la piedra y la pared. Este proyecto marca un punto de transición en mi trabajo. El foco de interés se desplaza del espacio interno a la experimentación con los bordes.

TESTIGO

Testigo fue un proyecto que buscaba en la rigidez de la arquitectura una ex- cusa para trascenderla. Inspirada en el concepto :”cada dimensión posee los elementos para acceder a la siguiente” la exhibición estaba compuesta por obras transitables presentadas como ejercicios para experimentar la elasti- cidad de los límites materiales. Especialmente pensado para el espacio de la Galería Lusa Strina el proyecto estaba atravesado por la estructura de los ri- tos de pasaje, aquellas ceremonias de transición en las que los iniciados son conducidos a traves de diferentes pruebas para abandonar un estado original y asumir una nueva categoría. Durante esas ceremonias existe un momento intermedio de extrema vulnerabilidad en que ya se ha abandonado un estado pero aún no se ha asumido otro que se denomina Liminal. En algunas culturas se cree que si el proceso es interrumpido en ese momento los iniciados que se encuentren en la zona liminal quedarán condenados para siempre a per- manecer en el limbo, sin voz, sin poseciones, sin derecho a un nombre, solo observando.Testigo buscaba ese accidente en la estructura que fuera capaz de conducirnos a un lugar fuera del mundo.

CRUZ

Dos paredes blancas se cruzan en el eje central de sus puertas formando una encrucijada en medio de la galería.

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