Rodrigo Alonso

EL ESPECIALISTA

Por Ana Peralta

Asegura Rodrigo Alonso que cuando comenzó a estudiar tenía la intención de ser crítico cinematográfico; había estudiado en el Instituto Nacional de Cinematografía en los ´80 y aunque se había inclinado hacia la teoría y el análisis del cine mudo y experimental, descubrió que mientras más se especializaba más dejaba de interesarle. Ya no había experimentación cinematográfica y los grandes autores estaban desapareciendo. En 1986, la muerte de Andrei Tarkovski, uno de los directores que más lo habían influenciado, pone punto final a esa búsqueda.

¿Cómo fueron tus comienzos dentro del mundo del arte?

Empezó con mi interés por el videoclip; me parecía que a nivel audiovisual era uno de los géneros más experimentales. Nunca se me ocurrió volcarme hacia las artes plásticas porque era un ámbito totalmente desconocido. Vengo de una familia muy humilde, nunca tuve formación artística y hasta ese momento jamás había ido a un museo. Fue recién en 1993 que gracias a Graciela Taquini descubro el videoarte. Me impactó muchísimo, me puse a estudiar y a investigar; entré en contacto con artistas locales y me especialicé teóricamente en el tema. Durante muchos años me mantuve en el ámbito del estudio y de la crítica, hasta que empezaron a surgir oportunidades de armar muestras y exposiciones con criterio curatorial (Bienal de Medellín, 1996; Museo Nacional de Bellas Artes, 1998). Como comencé a dar clases en la universidad siendo estudiante y desde entonces no dejé la docencia, honestamente pensé que nunca iba a salir de ese espacio. Pero de pronto, el videoarte se pone de moda, y las bienales se plagan de video. Repentinamente pasé de ser un desconocido a ser el “especialista” en videoarte. Se me abrieron las puertas de las principales instituciones artísticas, todo el mundo comenzó a llamarme y a proponerme trabajos. Los críticos de arte comenzaron a reconocerme y los artistas venían a presentarme sus proyectos.

Tal vez como consecuencia de este origen sencillo, Rodrigo Alonso relata sus primeras experiencias profesionales así, como una especie de destino que se fue tejiendo en el cruce de una serie de eventos afortunados y un impulso desprejuiciado. En algún momento cuenta, por ejemplo, que dio su primer curso en el Museo Nacional de Bellas Artes tras presentarle un proyecto a Jorge Glusberg, a quién no conocía personalmente; “fue un acto de inconsciencia que me salió bien”.  También recuerda que fue la admiración que sentía por quién había curado una muestra de Berni en Madrid, la que lo impulsó a acercarse a Laura Buccellato en una exposición de videoarte y presentarse. “No tenía idea de quién era Laura, ni siquiera sabía que era la subdirectora del ICI (Instituto de Cooperación Iberoamericana).

Pero ella me preguntó sobre mis actividades y me pidió que le acerque los textos que había escrito sobre videoarte. Después me propuso hacer algo en el Instituto.”

La prolífica carrera de más de 20 años que lo posiciona como uno de los curadores y críticos de arte más importantes de habla hispana demuestra que, si hay un hilo conductor en la carrera de Rodrigo Alonso, no ha sido el de las coincidencias o el azar, sino la suma de un agudo y consistente sentido del profesionalismo, una implacable vocación de estudio y su extraordinaria capacidad para traducir una extensísima teoría en una práctica fértil.

Conceptualmente podríamos decir muchas cosas acerca del arte, pero: ¿qué es el arte para Rodrigo Alonso?

El motivo por el cual muchas veces parece que no nos ponemos de acuerdo en cuanto a la valoración de la obra artística tiene que ver con dos complejidades convergentes. La primera, es que en verdad hay muchas definiciones de arte que dependen de los campos disciplinares desde los cuales se las aborda. Desde una visión antropológica de la cultura, por ejemplo, el arte es la necesidad de expresión del hombre y, como símbolo de esa cultura, expresa relaciones externas. Desde una perspectiva filosófica, el arte es un espacio de exploración del pensamiento. Personalmente entiendo el arte como profesión; un espacio donde trabajan y confluyen distintos profesionales que van desarrollando un producto estético. Según donde esté puesta la mirada, será como se evalúe la producción artística. Una segunda complejidad es que también hay distintas nociones sobre el arte al interior de su propio campo. No es lo mismo el arte moderno, que está basado en ciertos valores estéticos que pueden distinguirse con claridad, que el arte contemporáneo, donde esos valores ya no existen. De la imposibilidad de decodificar esta trama compleja que constituye el arte contemporáneo, a partir de los últimos años en la década del ´80 surgen los nuevos protagonistas del arte: agentes, curadores, galerías. Todos juntos van construyendo una noción de qué es el arte contemporáneo y qué es lo más interesante dentro de esa producción. La noción de arte se construye discursivamente, en un espacio de diálogo, donde la obra es un punto de confluencia dentro de toda esa red de relaciones.

Haciendo una recorrida por tus trabajos más significativos encontramos un marcado interés por el videoarte y el arte tecnológico en tus comienzos; el net art latinoamericano después; arte social, político y comunitario más recientemente. ¿Qué es lo que te interesa en la actualidad?

Empecé con el arte tecnológico básicamente porque estudié química primero y después arte; de la unión entre la ciencia y el arte nació mi interés por el arte tecnológico. Pero este terreno llegó a presentárseme como una suerte de gueto; son pocos los artistas que se dedican a él y me vinculé con casi todos, por eso en un momento sentí que ese espacio era limitado. Actualmente me dedico al arte contemporáneo en un sentido más amplio. Me interesa mucho la producción joven, saber cuáles son los rumbos nuevos dentro de la escena actual. Forma parte del rol característico del curador ese “descubrir” o darse cuenta hacia dónde va la producción artística. También hago muestras históricas, me dedico en particular a todo el arte que es posterior a la década del ´60, porque es ahí cuando empieza el germen de lo contemporáneo y lo que sucede en esos momentos es lo que nos permite comprender lo que está pasando ahora e intuir el futuro de la producción actual. Por ejemplo, en Sistemas, acciones y procesos, 1965-1975 (Fundación Proa, 2011), se ponía de manifiesto cómo el interés por el arte conceptual – es decir, el que da prioridad a las ideas sobre la realización material de las obras – fue paralelo al acercamiento a los desarrollos científicos de la época; en este momento, el video y el arte tecnológico hacen su aparición en la escena artística contemporánea.

Rodrigo Alonso

Algunas de sus muestras curatoriales más recientes son: ¡Afuera! Arte en espacios públicos (Córdoba, Argentina, con Gerardo Mosquera, 2010), Tales of Resistance and Change (Frankfurter Kunstverein, Frankfurt, 2010), Situating No-Land (Slough Foundation, Philadelphia, 2011), Arqueologías a destiempo (Galería Gabriela Mistral, Santiago de Chile, 2012), Pop, realismos y política. Brasil/Argentina. 1960s (Fundación Proa, Buenos Aires; Museo Oscar Neimeyer, Curitiba; GAMEC, Bérgamo; Museo de Arte Moderno, Río de Janeiro, 2012-2013, con Paulo Herkenhoff), Biomediations (CENART, Laboratorio de 

Arte Alameda, México DF, 2014, junto a Sarah Cook), El museo de los mundos imaginarios (Museo de Arte Contemporáneo, Mar del Plata, 2014), Volátil felicidad. Relatos inmateriales de los noventas (Parque de la Memoria, Buenos Aires, 2015). En 2011 fue curador del Pabellón Argentino en la 54 Bienal Internacional de Arte de Venecia.

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